A veces la vida te sorprende en el momento más vacío y confuso, lanza cartas inesperadas que llegan desde lejos, de esas que te impulsan a dar movimientos que cambian tu costumbre, te arriesgas sabiendo que al final es imposible, pero quieres probar para no quedarte con el beneficio de la duda.
¿Vale la pena perderlo todo por una aventura?
Decidir ser libre para navegar otros horizontes es un riesgo con resultados visibles, pero mi cabeza es terca y se arriesga cuando se trata de caprichos, de esos con olor a salvajismo, aventuras y mil cosas por descubrir. Nada más tentador que una caja cerrada con un montón de desconocidos objetos, que tan loco podría volverse alguien cegado por la curiosidad, apostar sabiendo que lo peor puede pasar. Asi me sentía y caí en el fango a sabiendas de que encontraría diamantes o estiércol.
En mi caso particular, mis sentidos me llevan a estudiar lo desconocido, primero de manera superficial para luego dejar que el tiempo muestre lo que hay más allá, así fue. Fui cayendo poco a poco hasta no dominar mi sentido común, era consciente pero no podía detenerme, quizá fue más que un capricho.
Sabía que era algo que no tenía un porvenir, lo tomé como un juego, no había nada que perder, se convirtió en un viene y va, pero al fin y al cabo es inevitable que algunas cosas crezcan y comiencen a salir de nuestras mentes, convirtiéndose en nuestra realidad.
Transcurrió todo un año para que al fín mis sentidos pudieran tener lo que mi cerebro deseaba, la distancia ya no era un pretexto y sí me refiero a la distancia geográfica, este era un parametro inviolable que solo podía ser eliminado por los factores que me habían llevado a ese punto, pude por primera vez verle y quedo en mí la tan famosa primera impresión, esa que queda en nuestra memoria y de ella depende el futuro, la creación de nuevos encuentros.
No lo negaré, allá hundida en el fango creí encontrar diamantes que llenarian mi vida de felicidad, aquel primer día comenzó con decepción y me dejo con el doble de curiosidad que sentí cuando todo esto comenzó, quisiera decir que no fue de película, pero vivir en una isla hace que los escenarios sean con facilidad mágicos, rodeados de olas y de brisa tropical, era invierno pero igual se sentía cálido.
Invadía mi mente, me sentía estúpida y vaya que lo fui, no me arrepiento pero quisiera volver para manejar mejor todo lo que ha pasado, si se preguntan que paso luego de aquella primera impresión, les cuento que solo pasaron días para terminar lo que no había empezado, sí, así de simple todo acabo y decidí borrar todo de mi mente, quizá en aquel tiempo el capricho no era tan fuerte y pude lidiar con naturalidad la situación.
Algunas personas no se sienten conformes y de algún modo u otro creo que fuimos conscientes, si habíamos iniciado algo, asi que sin pensarlo cuando pensé que había salido a la superficie, me encontraba más hundida que nunca.