miércoles, 2 de enero de 2019

Costumbre

Eran las seis de la tarde, y el sol anunciaba su despedida; teniendo en cuenta el ritmo de los acontecimientos de su desdichada vida, suspiraba y miraba al cielo buscando una salida.

Una notificación en su celular cambiaría el rumbo de la noche, sin pensarlo ella aceptaría. Diría sí a quien por meses llenaba su corazón de amargura y resentimiento, diría si al falso amor que recibía desde enero. Sentía la noche pesada, el estrés en su cuello,  carecía de brillo en sus ojos y prefería tomar aquello a una mala noche en el frio piso con desagradable compañía.

En la misma parada del Metro, ubicada en la Nuñez esperaba la llamada que anunciaba la llegada. Al entrar al vehículo una vaga conversación iniciaba, ¿cómo estás?, ¿qué has hecho?, ¿qué tal está tu familia?. El típico ritual de trayecto que ocurría en cada escapada, como amigos que se encuentran luego de varios meses sin hablar.

Quién imaginaria aquellos encuentros bajo la noche de la espléndida luna llena, amantes que no se amaban; pero quizá ya todo era costumbre, se tenían el uno al otro para saciar aquello que les cohibía su entorno, nadie sabía, nadie debía enterarse.

Ganas de liberar la vida que guardaba dentro, y ella tenía las ganas de salir del hoyo en el que se había metido. Se conocían, y no hay nada mejor que estar seguro con alguien de quién no esperas sorpresas.

Una vida de amantes, que dudaban de la existencia de sentimientos; sin compromisos, sin memorias, llenando sus rostros de besos y caricias, para terminar en el gran desahogo terrenal que permite la libertad.

No era lo mejor estar con quien en cada encuentro le debilitaba más el alma, pero ya no le importaba, pensaba en que dormiría en una cama, y liberaría las hormonas que producen la tan anhelada felicidad, sólo eso pasaría.

Los empujones pueden generar cambios

Mucha gente se pregunta por qué siempre posteo en contra del sistema que ha formado el PLD, que porque mi contra la política tradicional, qu...